17 junio 2012

¿Por qué mueren las empresas?

Muchos pensamos que una mala estrategia es una de las claves por las que las empresas y negocios no sobreviven cuando las situaciones se complican. Como acérrimo defensor de la importancia radical de definir claramente la estrategia para poder competir y de la necesidad de su correcta ejecución posterior, podría dejarme llevar y pensar que fallar en esta cuestión es lo que lleva al fracaso de las empresas.
Y algo de razón habría en ello, aunque la realidad es que incluso con estrategias discutibles o incluso sin una clara, algunas empresas están ahí, para mi sorpresa. Por ello, creo que aunque esencial para tener poder competir de manera sostenida, la falta de estrategia, o visión a medio/largo plazo no es, por sí misma, la razón de los caídas empresariales. O al menos el motivo último, aunque quizá sí el germen del mismo.


Creo sinceramente que el mayor de los males que pueden atacar a una empresa es la falta de liquidez. Lo creo, no porque lo haya escuchado en innumerables ocasiones. Lo creo porque en estos últimos tres o cuatro años que llevamos en el agujero he visto como las empresas lo han sufrido.

Algunos dicen que el endeudamiento es el gran mal que ha llevado a empresas, a familias e incluso a países a la quiebra. Bien, es parte del mal, pero es más profundo. Claro está que las deudas generan obligaciones con las que hay que cumplir. Y habitualmente se cumple con ellas. No creo que ni empresas, ni familias, ni países tengan en su ideario incumplir con sus compromisos porque sí. El problema ha venido cuando los ingresos, el dinero contante y sonante, no ha sido suficiente para hacer frene a estas obligaciones contraídas y a las necesidades propias del día a día. Y claro, lo primero es proteger los "órganos vitales".  Es decir, la falta de liquidez, es desde mi punto de vista, una de los motivos de los problemas que hacen a las empresas fracasar.

Detrás de esto podíamos decir que si la avaricia ha podido con las empresas, que si estábamos instalados en la creencia de que esto era el maná y muchos otros argumentos, más o menos acertados. Pero al final, lo que realmente causa los problemas es la falta de liquidez: impago a proveedores, impago de deudas, impago de nóminas, etc. Oiga, pero no se preocupe, que la cuenta de clientes está abultada, de esta se sale. Pues bien, eso son las cuentas de la lechera. Necesario hacerlas, pero vaya, si es una cuenta obesa, ¿por qué no se cobra? Ah, claro, será el colesterol que obstruye las arterias. Y todos sabemos que el colesterol tarda en desaparecer y mientras el individuo, puede sufrir el último infarto. Y en estos tiempos, lo de cobrar está difícil.

Hasta aquí, poca novedad, esto es algo sabido y que poco más aporta, lo sé. Pero conviene recordarlo y tatuárselo en un lugar bien visible. 

Sin embargo, hay una de esas sangrías lentas, silenciosas, que me parecen hacen un daño terrible a las empresas: la mala gestión de los recursos humanos.

Siempre se suele poner el foco en la estrategia (¡ha vuelto a salir!), una correcta gestión del riesgo financiero, inversiones, desinversiones, marketing, operaciones... pero tradicionalmente, al menos en lo que a mi experiencia se refiere, la gestión de recursos humanos siempre en un segundo, si no tercer plano. Y me parece un absoluto error.

¿Qué es una empresa? RAE: Unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos (2ª acepción) http://buscon.rae.es/draeI/SrvltObtenerHtml?LEMA=empresa&SUPIND=0&CAREXT=10000&NEDIC=No.

Y como esta definición muchas. Pero en ella, al menos de manera explícita, olvida incluir a los agentes que realmente hacen posible esa actividad: las personas. Y sinceramente, en mi experiencia, no es que no se gestionen, es que se gestionan mal o muy mal. Ya no es que se produzca una sangría de talento, es que las personas que se quedan, se quedan tocadas. Falta de iniciativas en formación, despidos de muy malas maneras que afectan al que se va pero mucho al que se queda, etc. Sobre la formación hay una frase que me gusta mucho y que he escuchado en diversas ocasiones y que viene a decir: "formar a alguien para que después se vaya de la empresa es caro, pero mucho más caro es que no se forme y se quede". No quiero enrollarme, porque seguro que futuras entradas tocarán este tema que tan importante me parece y tan poca relevancia se le da en mi mundo empresarial.

Y por último, la comunicación interna. Ay, cuantos problemas tenemos, ya no solo en las empresas si no también en nuestra vida diaria por la falta o por la deficiencia en la comunicación (verbal y no verbal... a veces los gestos y actitudes nos dicen mucho). 

Si en nuestro día a día personal es fundamental, porque es nuestro vehículo principal de interacción con el resto de las personas, cuando se traspasa al mundo empresarial, se vuelve primordial, extremadamente vital. Es un tema muy interesante, como las empresas se comunican (bien o mal) con sus empleados y lo poco que los empleados se comunican con la empresa. Esta comunicación debería ser bidireccional, convertirse en una conversación, que creo beneficiaría a todas las partes. No obstante, desde mi punto de vista, son las compañías las que deben dar el primer paso: transparencia, abandonar los comportamientos paternalistas y sinceridad (de la útil, no de la que no aporta). Las organizaciones son personas, pero personas que se suponen maduras. La empresa tiene la obligación, de ganarse la confianza de sus empleados, de otra manera, difícilmente los empleados estaremos comprometidos. Y por supuesto, los empleados ganarse la de la empresa, como no podría ser de otra manera.

En definitiva, tres aspectos que ayudarán a la superviviencia de una empresa: vigilar la liquidez, gestionar adecuadamente a las personas y mantener una correcta comunicación interna. Qué bien suena y qué difícil de llevar a cabo. Pongamos todos de nuestra parte.

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